LAS ELECCIONES, EL PP, LOS NACIONALISMOS Y LA CONSTITUCIÓN

El nueve de marzo el P.S.O.E. perdió votos. Pero se confirmó como partido mayoritario mientras el PP, que mejoró sus resultados, salió derrotado.

Estos resultados, y el retroceso de los partidos nacionalistas vascos y catalanes los ha causado, sin duda, la política de guerra civil del PP en la oposición, continuidad pura y dura de la de su gobierno. El rechazo al PP ha concentrado el voto en el P.S.O.E. y le ha dado la victoria electoral.

Muchos analistas ceden a sus prejuicios para cantar victoria sobre el nacionalismo catalán y vasco. Falsas ilusiones. Igual que antes del nueve de marzo, ni el pueblo catalán ni el pueblo vasco caben en la constitución de las autonomías administrativas. Se está viendo ya y se verá más todavía. Incluso ni siquiera pueden cantar victoria los nacionalistas españoles porque, por primera vez desde 1.977, los votos obtenidos en el País Vasco por el P.S.O.E.  y el PP han superado a los votos nacionalista vascos –y ya es manipulador sumar los votos socialistas a los votos del PP- porque a los votos del nacionalismo vasco hay que sumar  a los abstencionistas, en su mayoría votantes de la izquierda aberzale y condenados antidemocráticamente por ello a las tinieblas de la ley de partidos. Si se cuentan, como exige un análisis riguroso, esas abstenciones para sumarlas a los votos vasquistas expresados, el nacionalismo vasco ha vuelto a ser mayoritario, como siempre. Ignorar esa realidad llevará inexorablemente al fracaso y mantener contra toda razón la ley de partidos lo agravará.

Que la constitución es un obstáculo para los pueblos del Estado Español es evidente, pero a Zapatero parece que sólo le preocupa reformarla para llevar también la igualdad entre hombres y mujeres al orden de sucesión a la corona. Es ridículo. Lo único que hay que hacer con la monarquía es suprimirla.

Escribe un comentario