Este segundo gobierno se constituye en un momento muy delicado, en los inicios de una crisis económica mundial que puede ser muy seria. Se origina en los Estados Unidos, pero se extiende a todo el mundo. Para defenderse los países más poderosos recurren, como en la crisis de los setenta, al alza del precio del petróleo y de las materias primas para reordenar el mercado mundial en su beneficio y en detrimento de los más débiles. Ahora se junta con una crisis alimentaria provocada por los mismos.
La crisis viene agravada por la deslocalización masiva de la producción. Durante un tiempo los empresarios que han trasladado la producción al tercer mundo, para que produzcan trabajadores sin derechos, han podido ganar mucho, pero el paro y las bajas salariales se han extendido en Europa y EEUU. La producción tiene siempre y en cada país como principal mercado el mercado interior y al final si la gente no tiene dinero no puede comprar y la demanda se contrae.
Con o sin superavit presupuestario la situación de España ante la crisis es muy delicada. El ingreso en la Unión Europea conllevó la liquidación de sectores productivos enteros. La economía se ha centrado en el turismo y la construcción, los sectores más débiles en estas situaciones. El turismo baja durante las crisis y la construcción, orientada en su origen y en buena parte al propio turismo, se convirtió a la vista de todos en un campo de especulación desenfrenada, en una burbuja económica vacía.
Bien, pues que la crisis la paguen los que la han causado, los especuladores y los empresarios, no los trabajadores, que lo único que pueden hacer es trabajar dónde les contratan. Ya la CEOE y el Banco de España hablan de flexibilización del mercado laboral, de moderación salarial, de vinculación del aumento salarial al aumento de la productividad de cada empresa, de la rebaja de las pensiones y la generalización de los planes de pensiones. Ah., el Banco de España –carácter institucional obliga, habla también de moderación en el reparto de beneficios. Es una broma. Nadie puede controlar qué hace cada empresario con sus beneficios, ni incluso saber en qué consisten. En especial los beneficios de los accionistas mayoritarios y miembros de los consejos de administración de la banca y de las grandes empresas son aún más incontrolables. Se habla de moderación de beneficios para aplicar, aquí de verdad, la moderación salarial.
Nunca el salario puede depender de la situación de cada empresa. Por este camino volveríamos a los jornaleros esperando cada madrugada en la plaza del pueblo a que vaya algún empresario a contratarle, previa negociación individualizada con cada trabajador. Los convenios los firma el sindicato para las ramas industriales.
En cuanto al ruido sobre la productividad es un insulto a la inteligencia. La productividad depende de la maquinaria y la organización del trabajo, todo ello competencia exclusiva del empresario, no de los trabajadores. En España hay una productividad baja porque los empresarios no necesitan mejorarla. Les ha bastado históricamente con los salarios bajos y las jornadas largas y eso es lo que quieren aumentar ahora.
El gobierno no puede resolver la crisis fácilmente, pero si que puede, y está obligado a ello, poner coto a todos los intentos de que la paguen los trabajadores. Dedíquese el dinero a la construcción pública de las infraestructuras necesarias, suprímanse legalmente los contratos basura, limítese la jornada laboral y, en la línea de impedir que la inflación que viene se coma los salarios, procédase al aumento significativo y suficiente del salario mínimo, con lo que al mismo tiempo se tirará hacia arriba de los salarios superiores al mínimo, Y desde luego, nada de bonificar las cuotas de la seguridad social a las empresas.